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¿Pensamientos incontrolables son realmente incontrolables?


Cada uno de nosotros ha tenido alguna vez pensamientos automáticos, intrusivos y/o incontrolables. En algunas personas estos pensamientos aparecen muy frecuentemente, tardan mucho en irse, afectan a otras áreas de la vida y parece que controlan sus vidas. Las personas llegan a suponer que estos pensamientos son incontrolables y no hay manera de hacer que se vayan.


PERO


Imáginate que estás rumiando sobre un problema y, de repente, suena el teléfono o tocan la puerta. En este momento estos pensamientos desaparecen. Es decir, no son tan incontrolables ni tan intrusivos si con un cambio de actividad se desvanecen. A lo mejor, sería útil encontrar actividades que te permitan no hundirte en tus rumiaciones y, poco a poco, adiestrar tus pensamientos. Así no ocuparán todo el espacio y tiempo de tu vida.


Con el tiempo algunos pueden empezar a pensar que rumiar y reflexionar constantemente sobre problemas nos ayuda a resolverlos. Sin embargo, la solución realmente viene a través de la acción y no a través del pensamiento. Es más, a pesar de que esta solución de rumiar no ayuda a resolver nuestros problemas, seguimos haciéndolo.


Por otro lado, a menudo nos acostumbramos a luchar contra pensamientos automáticos. Resulta que es poco productivo. Si estás en las arenas movedizas, seguramente quieras moverte y escapar. Sin embargo, más te mueves más te hundes. Muchos experimentos demuestran que intentar no pensar en algo solo hace que pensemos más sobre ello. ¿No crees que es mejor aceptar y dejar pasar los pensamientos como algo temporal? Las nubes vienen y se van pero no se quedan nunca para siempre en el mismo sitio....


Cambia tus actitudes y cogniciones hacia los pensamientos obsesivos:

  • No luches contra ellos. Si estás lejos de la orilla, probablemente, sea mejor relajarse y flotar para pronto llegar a la orilla que luchar constantemente con las olas y perder todas las fuerzas. Intenta aceptar tus pensamientos. Es más, puedes dedicarles a propósito unos minutos de tu tiempo. observarlos y detallar todo su contenido. Después cambias de actividad dedicándole el mismo tiempo que habías dedicado a los pensamientos.

  • Acepta el malestar emocional un tiempo. Con los pensamientos intrusivos vienen emociones negativas pero si no luchas contra ellas, se irán desapareciendo. Puedes rascar una picadura para aliviar el picor por un momento pero después volverá con más fuerza. Es mejor aguantar un rato para sentir el alivio más tarde.

  • No juzgues. Solemos hacer juicio de todo lo que nos pasa. A pesar de que nos haga daño, lo seguimos haciendo. Más vale implicarse menos en los juicios que hacemos ya que no nos sirve de nada el malestar excesivo.

Existen varias técnicas y estrategias que te podrían ayudar, por ejemplo:

  • Aquí y ahora. A menudo nos agobian los pensamientos sobre el futuro o el pasado generando mucha ansiedad. Intenta fijarte en el momento presente prestando atención a lo que está alrededor ahora mismo: ¿Qué objetos están cerca?, ¿Qué colores tienen?, ¿A qué huele?, ¿Qué sabor tiene la fruta que estás comiendo?" ¿Qué textura tiene la silla en la que estás sentad@? o ¿Escuchas pájaros o coches en la calle? Practica más a menudo este ejercicio y poco a poco te va a salir automáticamente.

  • Actividades gratificantes. Es extremadamente importante buscar actividades placenteras que ocupen toda tu atención. Algunas personas lo encuentran en el trabajo lo que ayuda bastante para los pensamientos obsesivos. Pero aparte de esto, es crucial buscar otras actividades significativas, como leer, pasear con el perro, ir al cine, escuchar la radio, jugar en el ordenador, nadar o correr, y mejor con otras personas cercanas. Estas actividades aparte de desviar tu atención, te dan placer.

  • Alejarte de la fuente de tus obsesiones. Si puedes alejarte de la fuerte de tus pensamientos obsesivos, hazlo. Por ejemplo, si es una persona, que te escribe o te llama, y te hace daño la interacción con ella, podría bloquear su número y todos los perfiles en las redes sociales. Si no te compensa cortar con la persona, tendrías que enfrentarte a los problemas entre vosotros y resolverlos. Al hacer daño a una herida abierta, nunca se cerrará. Por otra parte, a veces nos obsesionan los hechos que no podemos cambiar de ninguna manera o que no dependen de nosotros. En tal caso, más vale aceptarlos y adaptarse a ellos que luchar constantemente. A lo mejor, golpeando una puerta cerrada consigues que un día la abran pero no siempre el objetivo compensa los recursos gastados.

  • Prevención de respuesta. A algunos pensamientos obsesivos les siguen rituales o comportamientos compulsivos. Si no los realizamos, sentimos mucha ansiedad. El ejercicio consiste justo en prevenir realizar el ritual cuando aparecen los pensamientos intrusivos, por ejemplo, no contestar a la persona que nos hace daño, no limpiar inmediatamente las manos sucias, no volver a casa a verificar si el fuego está apagado o no cerrar todas las ventanas o dejar encendidas algunas luces en casa teniendo miedos a los ladrones. Como ya se ha dicho antes, la ansiedad aumenta cuando aparecen los pensamientos pero si no realizas la compulsión para aliviarla, poco a poco disminuirá. Si ves que no puedes dejar de realizar una conducta compulsiva de golpe, intenta poner un límite (5 o 10 minutos) o retrasar el período entre el pensamiento y la conducta.

  • Contraritual. Si lo anterior no funciona en el caso de un ritual, puedes obligarte a hacer el ritual más veces de lo que lo haces normalmente. Por ejemplo, si tienes que volver a casa a verificar el fuego o si has cerrado bien la puerta del coche, hazlo 3 o 5 veces seguidas en vez de una. Es una técnica bastante radical pero da buenos resultados.

  • Violación del ritual. Si tienes varias compulsiones, haces una lista de ellas y cada día escoges una que puedas no realizar hoy. Te prohibes a ti mism@ realizar solo 1 pero puedes realizar el resto de ellas.

  • Proyección. Dibuja tu obsesión lo mejor que puedas, escribe un poema sobre ella, canta una canción que conozcas pero cambiando la letra o habla en voz alta sobre tu obsesión contigo mism@.

  • Apoyo social. Queda con tus amigos y tus familiares pero habla con ellos de otros temas y otras preocupaciones sin decir nada sobre tu obsesión. Puede que se hayan dado cuenta de tu obsesión. No hace falta volver a hablar de ello cada vez.

  • No estés sol@. Podrías acudir a un grupo de autoayuda de las personas que tienen el mismo problema o ir al terapeuta para mejorar el problema.


Existen muchas técnicas y estrategias pero hay que buscarlas y adaptarlas a cada caso concreto. Recuerda que el tratamiento de las obsesiones, sea por tu cuenta, sea con un especialista, requiere tiempo, compromiso y paciencia. A través de la Terapia Cognitivo-Conductual y el apoyo profesional, puedes liberarte del control de tus obsesiones y encontrar el camino hacia una vida más plena y tranquila.




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